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By Marie Jo Vasquez
En primer lugar quiero dar las gracias a la YWCA por el esfuerzo que han realizado para reunir a tantas mujeres líderes cada una a su manera particular en sus comunidades y a nivel internacional.
Hace cuatro años, cuatro mujeres positivas de ICW recibimos una cálida invitación de Musimbi Kanyoro para compartir con las participantes en la Cumbre de Mujeres de la YWCA en Brisbane nuestro conocimiento y nuestra experiencia sobre el VIH. Hoy, en esta cumbre, tras cuatro años de trabajo conjunto y de construcción de amistades, ICW colaboró con la YWCA en la organización del Foro de Mujeres Positivas, en el que mujeres con VIH de ambas organizaciones tuvimos la oportunidad durante un día entero de intercambiar experiencias, identificar retos, explorar oportunidades, trabajar juntas, en definitiva, hacia el futuro.
Tener el VIH no sólo supone para las mujeres de todas las edades en todo el mundo un reto en lo que se refiere a su salud, sino que añade otros niveles de vulnerabilidad que se potencian mutuamente.
Así, por ejemplo, sabemos que las situaciones de pobreza y exclusión constituyen uno de los factores más importantes de vulnerabilidad frente al VIH, lo que sitúa a millones de mujeres en todo el mundo en riesgo de contraer la infección.
Pero también es una realidad que muchas mujeres con VIH ver disminuidos sus recursos al quedar viudas, ser abandonadas o expulsadas de su hogar, y tener que cuidar de sí mismas y de sus hijos e hijas sin ningún apoyo económico.
Es muy importante poner en marcha grupos de apoyo y actividades generadoras de recursos que contribuyan a salvar las vidas de algunas de esas mujeres; pero es necesario reconocer que estas iniciativas por sí solas no ofrecen una solución global a las desigualdades sociales y el estigma, que son una causa subyacente de la perpetuación de la pobreza y la exclusión.
Las desigualdades de género se desarrollan en el terreno abonado de las sociedades patriarcales en las que las mujeres son relegadas a un papel secundario que las desprovee de su poder natural para asumir el control de su propia vida, basándose en concepciones distorsionadoras de la imagen femenina que van desde actitudes reaccionarias que desvalorizan las capacidades de las mujeres reduciéndolas a objetos de placer hasta el mantenimiento argumentos culturales o tradicionales de la feminidad que determinan cuál debe ser su rol en la comunidad. Y las mujeres pagan el precio de estas perspectivas distorsionadas de muchas y muy diversas formas, desde abusos sexuales de diversa índole hasta deficiencias en la educación o salarios inferiores.
Las mujeres viviendo con VIH de todas las edades, pagamos un precio aumentado, ya que la inequidad de género está íntimamente vinculada al estigma y la violencia relacionados con el VIH.
Existen múltiples factores causantes de estigma y discriminación, aunque la ignorancia y el miedo suelen ir de la mano de todos ellos. Las mujeres VIH positivas experimentamos muchas formas diferentes de estigma y discriminación, incluidas la exclusión y la violencia por parte de la sociedad en general, de las comunidades en las que vivimos y de familiares y parejas, dentro y fuera del hogar, en los hospitales o en el lugar de trabajo.
Pero no debemos olvidar que el estigma que la sociedad sitúa en las personas que vivimos con VIH también se convierte en una barrera para el éxito de cualquier intento de prevención, y por tanto en un factor de expansión de la epidemia.
Al hablar de los derechos de las mujeres es habitual vincular la salud con los derechos sexuales y reproductivos, mientras que el placer, la seguridad y los riesgos sexuales se dejan al margen. Y esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres VIH +, ya que todavía persiste una creencia generalizada de que no deberíamos tener relaciones sexuales.
Nosotras, mujeres viviendo con VIH, conocemos aspectos de la epidemia que nadie más conoce; pero también reconocemos el importante papel que otras organizaciones de mujeres, y en especial la YWCA, desempeñan en la respuesta global al VIH.
Nuestro objetivo en esta Cumbre Internacional de las Mujeres es que todas las asistentes reconozcamos juntas que el VIH es un tema que no pertenece sólo a las mujeres positivas y que es preciso fortalecer los vínculos entre los movimientos de mujeres y los movimientos de mujeres positivas, explorando maneras de complementar el trabajo de todas, independientemente del serostatus.
Entendemos que para lograr que todas las personas VIH positivas puedan disfrutar de todos sus derechos, acceso a tratamiento y educación, así como el avance hacia la paz en todo el mundo, tenemos que trabajar unidas para transformar el conocimiento en acción.
Y precisamente hablando de la paz, me siento orgullosa de compartir con todas ustedes la nominación de Patricia Pérez, una de las fundadoras de ICW y Secretaria Regional en Latinoamérica al Premio Nobel de la Paz 2007.
Esta nominación no sólo es un motivo de orgullo por lo que tiene de reconocimiento al intenso y continuado trabajo que ha venido realizando nuestra compañera Patricia, sino que también nos ha servido para reflexionar sobre el gran impacto que sobre el avance de la epidemia tiene la violencia de diferentes tipos con la que convivimos en mayor o menor grado, y nos ha movido a poner en marcha una Campaña por la “Paz como oportunidad para detener el VIH”.
Consideramos que la paz en el mundo, la paz entendida como ausencia de violencia a todos los niveles, incluyendo especialmente la violencia ejercida contra las mujeres, es una condición indispensable para avanzar en la respuesta global al VIH.
Por eso, quiero invitarlas a hacer suya esta campaña en la que esperamos sumar los esfuerzos para conseguir detener dos epidemias que, tanto juntas como por separado, ponen en riesgo la continuidad de la especie.
Muchas gracias
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